Parapente bierzo

RELATOS DE VUELO
 

RELATO DEL RECORD DE ESPAÑA DE PARAPENTE


El 15 de agosto, durante nuestra salida del club parisino a España, subimos al despegue de Lastra del Cano, a pocos kilómetros de la famosa zona de vuelo de Piedrahíta. Es domingo y las previsiones que tenemos fueron hechas el viernes. Anuncian suroeste de debil a moderado. Marc Nossin, Thierry Roine y nuestros amigos belgas, Oliver Legrand, Wim Verhoeve y yo mismo estamos a punto en el despegue al mediodía. Conocemos bien ese despegue y sabemos que debido a su orientación a sur, las térmicas de la mañana son a menudo muy potentes.


El suroeste anunciado se cumple. Algunos minutos después del despegue, pillo la mejor térmica de la jornada, 6,2 m/s en mi vario integral (de promedio). La subo con giros de 360º bien cerrados y enseguida el despegue empequeñece a vista de pájaro. Thierry está abrumado, tuvo una plegada, dio dos vueltas en autorrotación y
se iría a aterrizar enseguida. Wim nos gratifica con una pérdida asimétrica a la entrada de la térmica y también se va a aterrizar. Prudentemente, Marc no despega y Olivier se mete en la ascendencia. La llanura que se abre bajo nuestras alas a Olivier y a mi es muy bella. Campos amarillos hasta perderse de vista y pequeños relieves verde pardo. La primera térmica nos sateliza a 2.900 m. Son las 12h 42´. Y la primera transición hacia el llano no es del todo evidente. Como toda la región está a 1.000 m de altura y su actividad térmica raramente comienza antes de las 13h 30¹, Olivier y yo nos enganchamos a todas las burbujas que encontramos para no bajar. Decido negociar el collado que cierra el valle por su extremo noreste (Villatoro), yendo por un lado que nunca antes había probado. Logro cruzarlo y no pierdo demasiada energía. Esto se mueve en todas direcciones (sobretodo marcha atrás), porque las térmicas no están todavía bien organizadas. Hay que esforzarse al 100% para mantenerse en el aire. Los buitres que habitualmente ayudan a localizar térmicas no han salido a volar todavía, supongo que porque tendrían que remar.


Detrás de Villatoro encuentro la llanura de Ávila, que rodeo por su lado norte. A las 14h 15¹ estoy a 300 m del suelo y hace calor, así que me desabrocho mi polar. Es el punto crucial del vuelo. Al norte se forman los primeros cúmulos, muy altos en el cielo, pero hasta este momento, no había estado tan bajo. No voy a aterrizar, lucho en el aire contra estas putas térmicas que no me terminan de disparar, apenas con media vuelta de subida,pero tengo algo bueno.


Dejo la llanura para irme hacia los pequeños relieves donde supongo que salen las térmicas. Se sube muy mal, batallo por permanecer en el aire, con un ojo en la carretera y otro en todo aquello que me permita seguir volando.


Por fin a las 14h 35¹ entro en el ascensor y le doy al botón del nivel 3.700. Luego, una delicia, volando entre 2.500 y 4.000 m, empujado por un suroeste de 30 km/h. Encuentro a Olivier en el kilómetro cien y seguimos juntos hasta el 200. Volamos como explican los libros, térmica, transición, térmica, transición. Hacia las 16h, subimos una buena térmica, Olivier tiene una plegada de media vela y le gratifico por la radio con un "Ole". Abatida, otra plegada, otra abatida, parece que se amplifica. El mete una pérdida a su Bliss y tarda un buen rato en resolver el incidente, diría que 30 segundos, pero no perdió tanta altura. El no me entiende cuando le grito por mi micro que suba las manos. 300 m más abajo, reabre su vela y recupera el vuelo normal. De recuerdo, una línea rota.


En el km 200, gracias a una transición algo mejor negociada, perdería a Olivier. El aterrizó a 235 km, junto a su coche, donde Ana le esperaba con un bocadillo. Yo todavía estoy a 3.500 y son las 18h 30¹. Así que apunto a la última nube. Y aunque no la alcance, el récord de España estará batido en mi planeo final. A las 19h 10¹ y a 2.000 m encuentro un +4 salvador, materializado por los buitres, sin que ellos se inmuten por mi presencia y por el giro pluma con pluma, todos nos enroscamos juntos al sol poniente. Este último techo me dejará planear durante 40 minutos hasta los 280 km. Cuarenta minutos de placer al término de los cuales, podré dejar explotar mi júbulo y sobre todo, mear.
Un inmenso GRACIAS a Ana, quien ha tenido una eficacia destacable en la recogida.

Patrice Quillet
18 de Agosto de 2004